En el panorama político actual de España la confrontación y la crispación se han convertido en moneda corriente obstaculizando el progreso y la implementación de reformas cruciales, con el objeto de conseguir ventaja política y excluir del debate a fuerzas moderadas o al resto de fuera del eje izquierda-derecha.

El enfrentamiento enconado que no deja lugar al diálogo constructivo solo ha servido para alimentar el fuego de la discordia, ha creado un clima de desconfianza y hostilidad e impide cualquier forma de colaboración política. En lugar de buscar soluciones pragmáticas y consensuadas, los partidos políticos se enfrascan en disputas ideológicas estériles que solo sirven para dividir aún más a la sociedad.

Esta polarización nos ha llevado a extremos inusitados, como el intento de asesinato del Primer Ministro eslovaco hace unas semanas y la constatación por parte de la Jefa de Estado de este país de que algo así era previsible y fruto de la polarización, que puede conducir hasta el enfrentamiento civil.

La polarización no solo dificulta el debate constructivo y degrada la convivencia ciudadana en cualquier país, e incide actualmente en el conjunto de Europa y, especialmente, en España. En medio de un escenario político cada vez más dividido, nos enfrentamos a un desafío crucial: la incapacidad de alcanzar consensos y llevar a cabo las reformas necesarias para su desarrollo y para el bienestar colectivo. La polarización extrema y la confrontación constante han paralizado el progreso dejando a la nación en un estado de estancamiento inasumible.

Entre las reformas más relevantes que necesita nuestro país con urgencia destacan la modernización del sistema educativo para adaptarlo a las demandas del siglo XXI, la reforma laboral para combatir el desempleo estructural, la actualización del sistema de pensiones para garantizar su viabilidad a largo plazo, la modernización de la Administración pública para hacerla más eficiente y transparente, y la revitalización de la economía para garantizar oportunidades equitativas para todos los ciudadanos. Sin embargo, estas iniciativas requieren de un amplio acuerdo político que trascienda y supere las diferencias partidistas.

Es evidente que la dependencia de mayorías frágiles, a menudo construidas sobre alianzas precarias con partidos nacionalistas o extremistas, no es el camino hacia un futuro sólido y próspero para España. Estas alianzas, basadas en intereses partidistas estrechos y en agendas excluyentes, solo conducen a políticas fragmentadas y decisiones incoherentes que no sirven al interés general. Ya hemos visto cómo alimentar esa confrontación, sin entrar en matices técnicos, puede derivar en un conflicto diplomático entre países tan próximos como España y Argentina, poniendo en riesgo una relación tremendamente rica y fructífera para ambos países en todos los sentidos, y en contra del mencionado interés general de los ciudadanos. De allí y de aquí.

Superar esta crisis de polarización y estancamiento político es imperativo. Ello sólo será posible si en España existe una opción política moderada y equilibrada, clave para superar la parálisis legislativa que sufre. Porque esta vía permitiría conformar mayorías suficientes evitando la dependencia de partidos nacionalistas o extremistas cuyas demandas son arbitrarias, insolidarias o excluyentes. Necesitamos, pues, una opción moderada y equilibrada que pueda conformar mayorías amplias para llevar a cabo esas reformas necesarias para el país, una opción que deberá comprometerse con el diálogo, la negociación y el consenso, priorizando el interés común sobre los intereses partidistas.

Para facilitar la emergencia de opciones moderadas es imprescindible reformar la ley electoral y garantizar un sistema más justo y representativo, que no premie a los partidos más extremistas o nacionalistas en detrimento de la estabilidad y cohesión del país. Un sistema electoral que fomente la proporcionalidad y la inclusión ayudará a construir puentes entre diferentes sectores de la sociedad y a promover un ambiente político más colaborativo y constructivo.

En conclusión: la confrontación y la crispación política han demostrado ser altamente contraproducentes para el avance de España, obstaculizando la implementación de reformas cruciales. Es hora de abogar por una política de consenso que priorice el bienestar común y que esté dispuesta a abrazar la moderación como el camino hacia un futuro más próspero y unido.

Pedro Cintero

Economista
Cofundador y vocal de Calidad Democrática de la Plataforma NEXO

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